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El corto frente al medio-largo plazo

Cada vez nos encontramos con más profesionales qué después de 20-25 años de experiencia se encuentran que su carrera por cuenta ajena está llegando a su fin o bien que, encontrándose a esa edad con la obligación de encontrar un nuevo proyecto profesional, no tienen claro su próximo objetivo, ¿realmente qué me apetece hacer?, ¿Me gustaría hacer algo diferente, pero qué?…

Cuántas veces hemos dicho que las organizaciones trabajan pensando solo en el corto plazo y que de esa forma se pierden muchas oportunidades de negocio y que cuando vengan las “vacas flacas”, entonces se darán cuenta de lo que tenían que haber hecho. En muchos casos, es demasiado tarde. Muchas empresas y pequeños negocios echan el cierre definitivamente.

Y nosotros, ¿no hacemos lo mismo con nuestra carrera?.

Si todo nos va bien, si voy progresando, adquiriendo nuevas responsabilidades, pudiendo tener una vida desahogada, por qué voy a pensar o preocuparme por el futuro?

Más tarde o más temprano, a todos nos llega el momento de tener que tomar decisiones que nunca nos habíamos planteado.

Trabajar en el corto plazo es necesario para ir cubriendo los objetivos que nuestra posición nos exige, para ir ganando estabilidad económica… pero, cuidado, esa es solo una parte importante de nuestro trabajo. Debemos tener siempre presente una visión a medio y largo plazo e ir dando pasos que nos faciliten nuestro siguiente salto.

• Siendo conscientes en cada momento de qué fortalezas y conocimientos estamos adquiriendo: valor diferencial.
• Sabiendo qué nuevos proyectos podré y me gustaría afrontar.
• Potenciando, cuidando y gestionando adecuadamente tu red de contactos.
• Creando tu “marca personal”.
• Llegues o no a montar tu propio negocio, no dejes para el último momento el pensar qué podría hacer si llegara el caso, dónde podría generar valor con todo lo aprendido. Genera tu “red de prescriptores”.
• Identificando qué nuevos conocimientos debo ir adquiriendo que me den seguridad y claridad ante los nuevos retos.

Y todo esto acompáñalo con un compartir con otros tus inquietudes, tus miedos, tus ideas. Como me dijo una vez un profesional con el que trabajamos, “Me habéis ayudado a saber qué preguntas tenía que hacerme para obtener las respuestas correctas por mí mismo”.

Escrito por Marta Gil-Casares.

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